De los sueños rosas

Publicado: 8 marzo, 2010 en Cuentos

Para Gaby

En la generación M, las niñas no tienen con quién soñar, envasan entonces sus fantasías nocturnas, llenan de lágrimas, serumen y fluidos vaginales, pequeñas botellitas que venden, una a diario, a los adultos en las calles y los portales de las universidades.

Coleccionista de rarezas, compré la primera vez el cerámico contenedor del líquido extraño hace muchos meses. La dulce vendedora desaparecida ya del mundo, o de lo que para mí es el universo, era una morena cuyo parentesco con un poema erótico no tiene caso señalar.  Sus grandes ojos (las mejores proveedoras tienen los ojos muy grandes) fijos en mí la mitad del tiempo juraban que el efluvio me podría rejuvenecer, volver a ser posibilidad de todo. Bebí el narcótico de tonalidad azul (también lo hay en verde, negro, amarillo, rosa, pero uno nunca puede saberlo porque la botellita, con sus extraordinarios adornos, lo oculta). Poco a poco fui sintiendo el efecto hipnótico del fluido exquisito, acariciante. No sé si haya terminado por volverme un adicto, pero el daño provocado a la larga por las gotas azules, pareció haber vaciado mi alma.

Cuando la gitanilla aquella me dio el último frasco (sabía yo de la extinción de sus humores), derramé parte de su contenido, las pequeñas gotas azul cristal no se absorbieron en el papel secante, era como haber derramado mercurio sobre la mesa empapelada. Dediqué días enteros a tratar de clonar siquiera una gotita.

Mi intención de reproducir el azul elixir fue frustrada, ni las lágrimas de toda una vida, combinadas con la arena del piélago de mi historia, los vapores de mi biografía, los salitrosos recuerdos de mil libros de memorias accidentales y olvidos intencionados, pudieron sintetizar aquella maravilla.

La gitanilla desapareció.

Acudí entonces a nuevas vendedoras, probé fluidos verdes, negros, amarillos, regresé al azul, los combiné con vodka, whiskey, tequila, ajenjo, hasta cerveza, a veces con dos o tres tipos de licor diverso, les puse drogas muy suaves, y otras fuertes como la tormenta. No volví nunca por un segundo frasco, ninguno tenía el poder de las gotas azules, no había caso, ni siquiera me animé a conservar las pequeñas botellitas ceramizadas como relicarios medrosos del futuro.

Perdida toda esperanza, toda emoción, todo anhelo, volví siempre a los portales y las calles llenas de vendedores de curiosidades.

Una mujer de luna eterna luna me sonrió y puso en mi mano uno de los frasquitos aquellos. Lo miré casi sin ganas mientras ella apretaba mi puño en su mano. “Anda, tómalo, te devolverá lo extraviado”, se alzó de hombros y salió corriendo. Volví una y mil veces durante las últimas cuarenta semanas. Casi siempre la encontraba y a cambio de apenas una sonrisa o media charla (yo siempre charlaba y ella asentía)  recibía yo siempre un frasquito nuevo con la misma rutina. Era cierto, lo tenía todo, tanto que a veces ni bebía las gotas, me sentaba junto a la luna eterna luna a ver cómo se evaporaba el líquido volátil (entonces lo supe, era muy rosa).

Hace unos días se terminaron los frascos, me daba entonces las gotas con una pipeta que vaciaba en mi boca.

Se terminará el líquido, queda muy poco.

Tengo que hacerla soñar, llorar de alegría, fluir. En ello me va la vida. Debo producir con ella mucho elixir rosa.

No dejaré que se vaya.

En algún sitio ¿dónde están? debo conservar lágrimas de media vida, arena del piélago de mi historia, vapores de mi biografía, recuerdos de mil libros de memorias accidentales y olvidos intencionados.

No dejaré que se vaya.

Es la Luna Eterna Luna, no su elixir.

Daniel Martínez Castellanos

marzo 2010

comentarios
  1. ashly yael dice:

    Lo que yo entendí de esta lectura es que cuando probamos algo y nos gusta tanto que nos deja impactados lo buscamos, pero a veces lo puedes probar o ver en diferentes sabores colores etc. pero nunca es igual de interesante o bueno cómo el d la primera ves, llegamos al grado de tratar de clonar pero no nos sale, y cuando lo volvemos a encontrar lo cuidamos mucho ya no solo por lo que nos haga sentir si no por lo interesante o importante q en realidad es para nosotros

  2. Paola 2° Semestre dice:

    No le entendi muy bien pero por lo que entendi creó que nos habla usted de la vida, que aveces nosotros vemos que nuestra vida no tiene importancia y si la tiene, aveces buscamos soluciones a la vida que la verdad ni tienen nada que ver quiere darnos a entender que tomemos bien nuestras decisiones, apesar de todo de los errores se aprende pero no quiere que cometamos tantos por eso nos dice algo de un elixis rosa porque en la vida, lloraremos y nos pasara de todo para que tu vida sea feliz tu la tienes que hacer feliz luchar por lo que quieres metas y proyectos.

  3. BALU dice:

    Yo solamente digo que el tipo pensaba que era un adicto a el contenido de las botellitas esas,pero al último se da cuenta de que es adicto a la gitana, no al contenido (al jugo o alcohol o elixir, lo que sea) de esas botellitas que vendía la gitana.
    Si te pones a razonar como yo, es algo complicado de entender, y más de explicar si lo vez por el lado literal, en especial porque carezco de un buen hábito de la lectura.

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