Cuando finalmente me decidí

Publicado: 21 abril, 2010 en Poemas

Cuando finalmente me decidí a decirte adiós

(tú nunca me lo dijiste,

pensaste que era yo

tu reserva de cariño

para tiempos difíciles,

tu trapo húmedo para las lágrimas

de la edad adulta),

muy a la Sabines, me bebí un brandy;

me metí en la cama con la mejor mujer que encontré

y fue extraordinario.

Encontré el recado calculado para mi odio bajo la puerta esta tarde,

Cuando venía de hacer mi vida con otra y otra y otra más,

el recado ¿arrepentido?

Tú nunca te arrepientes,

usas mi alma como paraguas,

como sandalia, como trapo húmedo

para las lágrimas de la edad adulta.

Lo más difícil es no tener nada para responder,

ni un verso para mandarte a la chingada

con la elegancia que recuperé

cuando finalmente me decidí a decirte adiós.

¿Qué importa si eres de otro, como yo lo he sido de otras tantas?

¿Qué importa si en tu vergüenza…

(¿la tienes ya acaso?

Tan anciana es mi alma

que no recuerdo si la vergüenza,

si la dignidad,

si el amor,

son obra de la madurez,

o apenas otra de tus calenturas

postadolescentes que duran lo que la fresca)

si en tu vergüenza apenas naciente

con tu enorme estupidez

dices arruinar mi vida,

corromper la tuya?

Lo que interesa a fin de cuentas,

es el extravío,

la incapacidad manifiesta de tu alma

para ver de frente la inocencia de mi alma adulta,

la corrupción de tu mente niña.

Fui tu campo de juegos,

tu carrousel,

el peluche que llevas a la cama,

tu aventura,

tu juego al doctor,

tu estupidez más exquisita,

no lo disfrutaste más de lo que yo gusté de ello,

tan estimulante es el espíritu que te acompaña.

Fui cuanto quisiste hasta que te cansaste,

quise seguir siéndolo,

por lo menos una vez,

o dos…

aficionado como soy al autoflagelo.

No lo soy más, y no soy siquiera el despojo

que has pretendido dejar,

sin alma, sin cuerpo, sin voluntad.

Lo único que en su caso tendría para decirte,

No tiene que ver con este discurso.

Busco un verso, uno solo, con que pueda mandarte a la chingada

Sin perder la apenas recuperada aristocracia.

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