Crónica renacentista

Publicado: 30 septiembre, 2010 en Poemas

Para ti que jamás te irás, pero niegas quedarte

Primero, me encontré al teléfono una voz maravillosa que, no sin cierta desesperación preguntaba por la hermana de la dueña de ese tono: una amiga de antaño a quien me volví a encontrar y me provocó un placer místico, suave.

Pero el segundo momento fue espléndido, inmejorable.

No lo vas a creer, pero es cierto, ok?

Resulta que la mejor mujer del mundo me sorprendió llamándome y diciendo que quería verme… una dama bella, inteligente, talentosa como hubiera querido ser Frida Kahlo. La mujer arquetípica, pues; una a cuya existencia tendrían que medirse todas las mujeres del mundo; la que desearían ser todas las mujeres del planeta; y a la que los hombres de todo el mundo no se atreverían ni a desear porque arruinarían su perfección, porque jamás podrían darle lo que ella merece porque no hay forma de encontrarlo entre toda la materialidad del universo, porque apenas muy pocos (entre quienes me cuento orgulloso) podemos entender y pincelar toda nuestra vida en homenaje a ella…

Ni siquiera podría decir que es una mujer perfecta porque sería amoldarla a algo previamente existente, y lo cierto es que nada existente podría ser la mitad de lo que es ella…

Bueno, pues esa chamaquita hermosa quería verme…

(Todo lo que digo ella lo inspira, y a lo mejor hasta es ofensivo comparado con la punta de su lengua, con la perfección de esa sonrisa).

Me pidió bajar a verla y obvio que ni siquiera puedo decir que me haya emocionado o algo así, porque tan rápido obedecí a su voz de sirena, a su imagen en mi mente de siempre, que no puedo siquiera calcular los daños que pudo hacer en mi estabilidad emocional…

No reparé en nadie, lo único que deseaba era estar con ella, ver sus ojos, su boca, su sonrisa…

Darle el mayor de los abrazos, aunque fuera intelectualmente, o espiritualmente, o no sé qué y quién sabe cómo carajo, pero tenía que estar con ella y protegerla de lo imperfecto que es el mundo, de lo ofensivo que resulta incluso el cielo más bello para tamaño sol.

En fin, que dando traspiés llegué a su presencia como quien se pone frente a un hacedor de milagros, como si fuera el único sacerdote autorizado para esa nueva religión que sólo ella y yo profesamos, que sólo ella y yo conocemos…

Y ahí frente a todo el esplendor que dibuja su color de cabello cuando juega con la apenas notoria luz que entraña la noche supe que estaba inspirado nuevamente…

Y así como ella ha vuelto a su perfección que nunca perdió, pero que por algo se negaba, yo he vuelto a la inspiración que creí perdida una tarde en un estacionamiento, en un fracaso enorme, en un divorcio monumental, en una derrota única, pero contundente, que ya no duele porque su halo, su aura, su aliento, su voz, su presencia, lo sanan todo: Es una hacedora de milagros…

comentarios
  1. Danae M. De Negri dice:

    Hasta parece que habla un padre, entumecido por el amor más puro que pueda existir entre él y su hija.

  2. Danae M. De Negri dice:

    ¿La creatividad? ¡me doy! jajaja

  3. Danae M. De Negri dice:

    ¡La inspiración! ¿No? mmm

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