A lo mejor tu llegada…

Publicado: 25 agosto, 2011 en Ideas

A lo mejor tu llegada, retorno, arribo, vuelta, o como quieras llamar a la reinserción de tu no materia en lo inmaterial de mi vida, tiene algún significado ulterior. Aficionados como somos los seres humanos a la búsqueda de significados en todas partes y para todas las cosas, podría considerarse un pansemiotismo estúpido el mío, y trato de convencerme de ello. Las cosas no significan por sí mismas nadas, es el sujeto quien les otorga el peso, es quien forma el concepto, a veces en forma individual pero casi siempre de forma colectiva; así, si para nadie es tu retorno un símbolo de algo más, tampoco lo sería para mí. El problema es que llevo pensando bastante tiempo en el significado inexistente de un rompimiento casual en los vectores del destino (asumiendo la existencia del destino como un trazador de vectores que de alguna forma muestren cierta progresión), como para considerar que no existe una implicación ulterior, un significado que trasciende lo evidente. Pienso en los índices, las nubes grises indican que habría una tormenta, pero no son signo de ella, nadie las puso ahí para avisarnos nada.

Tu presencia, entonces, sería como una nube de tormenta, como un gesto asociado con el bienestar, como el ronroneo de un gato; un indicador, no un signo, y entonces el significado sería completamente mío para controlarse. El problema con tu regreso, entonces, sería el mismo de todos los índices, la ausencia de la capacidad objetiva de interpretación. Las nubes de tormenta pueden ser bellas para alguien si está a resguardo, o si ama la lluvia; los gestos asociados con el bienestar son tranquilizadores mientras no estén en la mente de un psicótico, un asesino serial, un perverso abusador de menores; el ronroneo de un gato es agradable sólo si tiene uno ganas de arrumacar al gato; y yo carezco de valores o experiencias suficientes para interpretar tu llegada, retorno, arribo, vuelta o como le quieras llamar a la reinserción de tu no materia en lo inmaterial de mi vida.

Tampoco es motivo para angustiarse, lo cierto es que la sola idea de tu alma tranquiliza a gran parte de mi existencia; la llena de vida y de ganas de estar junto a ti; de volver a escuchar tu voz como pincelada por la sonrisa más sincera y amada que haya visto. Y aunque no tendría que angustiarme, lo hago, parte porque no soporto la idea de volverme pierceano a los 42, pero mucho más porque realmente quiero ver en tu arribo un significado que aún no alcanzo a determinar.

No podría ser pansemiótico a estas alturas de mi vida, acaso mi conversión se verificaría en el rango de la fenomenología, tendría yo que reconocer que me interesa la conversión de los nóumenos en fenómenos, siempre que los nóumenos referidos sean tan bellos, inteligentes, talentosos, femeninos y dulces como eras tú cuando vivías en el vecindario/universo.

La vida, amada de mirada transparente, nos regala con el tiempo la capacidad de volvernos mucho más complejos. Nos enredamos en nuestros pensamientos como si fueran ellos los que pudieran rescatarnos, olvidando que el pensamiento mata las sensaciones; y en medio de este enredijo estás, como alma de mi historia, de toda mi historia, buscando, lo mismo que todo, toparse con un significado que le vaya.

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